El enigma de Irán y la política exterior argentina, por Nicolás Creus


El cambio de actitud de la diplomacia iraní y su propuesta de iniciar un diálogo tendiente a colaborar con el esclarecimiento de los hechos en torno a la causa AMIA, constituye un enigma que exige prudencia por parte de la política exterior argentina, tanto por la sensibilidad del tema a nivel doméstico, como por la controvertida situación internacional de Irán.  

En el marco de la 67ª Asamblea General de las Naciones Unidas, el gobierno de Irán solicitó a Argentina un encuentro bilateral. En tal sentido, siguiendo instrucciones de sus respectivos gobiernos, el canciller argentino Héctor Timerman se reunió con su par iraní, Alí Akbar Salehi, en Nueva York. Según el comunicado publicado por la Cancillería argentina, en la citada reunión, las partes acordaron negociar con el propósito de explorar un mecanismo legal que no esté en contradicción con los sistemas legales de ambos países. Además, decidieron que este proceso no se interrumpirá hasta encontrar una solución mutuamente acordada para todos los asuntos, entre ambos gobiernos, sobre el caso AMIA.

Puesto que el diálogo y la colaboración por parte de Teherán es algo que desde Buenos Aires se viene exigiendo –sobre todo desde 2007, luego de que la justicia argentina acusara formalmente al gobierno de Irán por el atentado de 1994 y ordenara la captura de siete ex-funcionarios–, la actitud del gobierno argentino de aceptar el ofrecimiento de Irán, no parece condenable –por lo menos a priori–.

No obstante, es preciso tomar en consideración algunas cuestiones importantes. En los años transcurridos desde el atentado a la mutual israelí en 1994 hasta la actualidad, Irán nunca mostró una actitud colaboracionista con la causa. Por el contrario, nunca respondió a los pedidos de cooperación formulados por parte de Argentina y se negó a extraditar a los funcionarios imputados por la justicia nacional, en tanto que tampoco presentó propuestas alternativas para avanzar hacia el esclarecimiento de los hechos.

De este modo, cabe preguntarse, ¿por qué la situación debería cambiar ahora?, en línea con esto, ¿a qué se debe el repentino cambio de actitud?, y en cualquier caso, ¿se trata de un cambio genuino? Desde la perspectiva de la diplomacia argentina, resulta conveniente reflexionar sobre las reales motivaciones de Irán, fundamentalmente para reducir el riesgo de quedar presa de las estrategias de este último actor.

A juzgar por los antecedentes recientes, no resulta fácil valorar como genuino el cambio de actitud del gobierno de Mahmud Ahmadinejad. De manera entendible, existen dudas sobre las reales intenciones de Irán con esta última maniobra diplomática. Para muchos, es una ingenuidad creer que el gobierno iraní va a cooperar realmente con Argentina, razón por la cual son escépticos y rechazan el diálogo. Este es el caso por ejemplo, de algunos sectores de la comunidad judía. Para otros, Argentina debe aprovechar la oportunidad y explorar las posibilidades de lograr avances en la causa. Esta parece ser la opción elegida por el gobierno nacional.

En torno a lo que parece no haber dudas, es en relación a la idea de que el giro de la diplomacia de Irán se debe a múltiples factores. Algunos pretenden explicar el viraje a partir del incremento en las cifras del comercio exterior bilateral, sin embargo, resulta difícil entender el cambio político a partir de esta variable, puesto que el crecimiento en las exportaciones argentinas data de 2007. En este plano, es preciso contextualizar la compleja situación internacional de Irán: acosado diplomáticamente por su plan nuclear, acusado de financiar y apoyar el accionar de grupos terroristas como Hezbolá, es visto como un actor potencialmente desestabilizador en la delicada región de medio oriente. En este contexto, uno de los principales objetivos de la política exterior de Irán radica en no quedar aislado y encontrar apoyos diplomáticos, que le permitan entre otras cosas evitar sanciones, así como también restarle legitimidad a las acusaciones que recibe.

Es en este marco más amplio en el cual debe entenderse la propuesta de Irán a la Argentina, la cual le permite mostrar una actitud dialoguista ante la comunidad internacional, con el propósito de mejorar su imagen, de manera consecuente con los objetivos mencionados anteriormente. La movida diplomática tiene sentido para Irán, en tanto que sin conceder demasiado –por lo menos en esta primera instancia–, descomprime un poco uno de los frentes de cuestionamientos. Cabe recordar que Argentina viene sosteniendo una posición muy firme en su condena al comportamiento del gobierno iraní en lo que respecta a la causa AMIA, así como también mantuvo distancia en otros temas importantes de la política internacional, como es la cuestión nuclear, instándolo desde 2003 a transparentar su programa nuclear y acatar las sugerencias del OIEA.

De acuerdo con lo señalado, es posible entonces entender la propuesta de Irán como parte de una estrategia de dilación, con el único objetivo de ganar tiempo. No obstante, desde la perspectiva de Argentina, el solo hecho de pensar en que existe alguna posibilidad de negociar una solución con Irán y lograr justicia en una causa que lleva casi dos décadas de impunidad, es algo sumamente tentador, una oportunidad que por lo menos merece ser explorada. Esta tentación, sin embargo, no debe llevar a la política exterior argentina a perder de vista los costos y riesgos que pueden desprenderse de dicho proceso.

Argentina puede aprovechar las necesidades de Irán en términos de imagen y legitimidad, mostrándole los beneficios de cooperar, así como también los costos de no hacerlo. En cierta forma, esta puede ser caracterizada como una estrategia de lo que en la jerga de las relaciones internacionales se conoce como vinculación de cuestiones. Sin embargo, Irán también puede hacer uso de esta estrategia, por ejemplo condicionando el avance en las negociaciones, a concesiones o apoyos por parte de Argentina en otros ámbitos, sobre todo considerando que el proceso que se inicia promete no ser breve ni sencillo.

En este punto es importante recordar un dato relevante, Argentina representará a la región de América Latina en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ocupando un asiento como miembro no permanente, durante el período 2013-2014. En este ámbito es justamente donde se discuten aquellos temas que pueden poner en riesgo la estabilidad y la seguridad internacional –como por ejemplo el caso de Irán y su plan nuclear–. Es también en este ámbito donde se debaten, se deciden y se votan sanciones.

La cuestión del plan nuclear iraní es un tema muy delicado para la seguridad internacional y para los intereses estratégicos de Estados Unidos. En tal sentido, Argentina debe ser prudente y evitar las vinculaciones de cuestiones que pueda proponer Irán en este plano. Si bien es cierto que Argentina no goza de derecho a veto en el citado organismo, Irán puede intentar vincular los avances en la cooperación bilateral, al apoyo por parte de esta en el Consejo de Seguridad, mismo Argentina puede proponer este juego. Sin embargo, utilizar el asiento en el Consejo de Seguridad como carta de negociación, puede ser algo peligroso para Argentina, en tanto que todo lo relativo a Irán constituye una cuestión de interés estratégico vital para la principal potencia mundial.

El peligro radica en el hecho de que en función de estos movimientos, se pueden generar nuevas vinculaciones de cuestiones. Estados Unidos puede entrar en escena y en respuesta al coqueteo de Argentina, aumentar su presión sobre la dimensión financiera de manera consonante con el FMI y el accionar de los “fondos buitres”. También algunos podrían pensar la vinculación de manera inversa, con Argentina aprovechando su posición para reducir la presión de los citados actores a cambio de una actitud menos connivente con Irán.

Aunque se trata de meras hipótesis y especulaciones, lo que queda de manifiesto es la complejidad del tema. Si bien el premio puede ser muy grande en el caso de que la negociación prospere, el camino no está exento de peligros. El buen manejo de la vinculación de cuestiones es clave, de modo que por el momento, lo único que se le puede exigir a la política exterior argentina es prudencia.

Nicolás Creus. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario – UNR, Argentina. Profesor adscripto de la asignatura “Política Internacional Argentina”. Becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – CONICET (nicolascreus@gmail.com).

Uma resposta para “El enigma de Irán y la política exterior argentina, por Nicolás Creus”

  1. Marcos Valle Machado da Silva 16/10/2012 às 1:31 am

    Excelente artigo. Parabéns pela análise efetuada.

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